Lo último de ‘Black Mirror’ ya está ocurriendo

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Black Mirror, Social Media

Muchos se enfadaron en octubre del año pasado cuando se anunció la app Peeple, cuya idea era poner nota a la gente que conoces, como si tus amigos fueran un hotel o un restaurante. Las críticas lograron que la app acabará lanzándose en una versión mucho más suave que la anunciada, pasando (por suerte) desapercibida.

Son muchos quienes han recordado esta moribunda aplicación tras el estreno de la nueva temporada de Black Mirror: el primer episodio muestra una sociedad obsesionada con puntuaciones personales en la que cualquier interacción es susceptible de recibir una calificación de hasta cinco estrellas. No se trata solo de prestigio: una mejor puntuación ofrece ventajas como descuentos en alquileres.

Pero Peeple no es un ejemplo aislado. Y es que Black Mirror hace que nos sintamos incómodos precisamente porque suele poner en primer plano aspectos que quizás sabemos que existen, pero que preferimos ignorar. De hecho, hay bastantes apps que ofrecen un servicio parecido: puntuar a personas y no a servicios. Sobre todo en el ámbito de las citas.

Por ejemplo, con Stroovy se puede puntuar a gente que utiliza apps para ligar. La empresa afirma que quiere ayudar no solo a que las citas vayan mejor, sino también a que sean más seguras: “Hay unos 74.000 condenados por agresiones sexuales en las webs de citas, puedes usar la comunidad online de Stroovy para saber más acerca de la gente a la que conoces en estos servicios”, se puede leer en su web.

Recuerda en parte a Lulu, que era una app que permitía que las mujeres puntuaran a sus exparejas de forma anónima. Badoo compró la empresa en enero de 2016, convirtiéndola en una app para ligar convencional. Actualmente ya no existe.

Pero es que, además de estos dos ejemplos, los usuarios de las apps clásicas de citas ya tienen su propia nota, aunque la ignoren. Como explican en Fast Company, en Tinder hay un rating interno de atractivo que el usuario desconoce. Se trata de un algoritmo cuyo objetivo es emparejar al usuario con las personas más adecuadas para él.

En OK Cupid se puede puntuar a las posibles citas con hasta cinco estrellas. Nadie conoce su media: lo único que los usuarios saben es que si puntúan a otra persona con cuatro o cinco estrellas y ellos hacen lo mismo, pueden comenzar a hablar.

En su libro Dataclysm, Christian Rudder, cofundador de la compañía, se muestra muy optimista respecto a las posibilidades que da este tipo de información, si bien es cierto que habla de datos agregados y anónimos. “La tecnología permite poner números a misterios eternos -escribe-; coger experiencias que calificábamos sin más de ‘incuantificables’ y comprenderlas mejor”.

Fuera del ámbito de las citas, hay algún caso más, como esta app (fallida) para puntuar a camareros. Otra que cerró fue Knozen, que permitía puntuar a compañeros de trabajo. También está el caso de Uber (y demás servicios parecidos, incluyendo algunas de taxis), que están a medio camino entre la puntuación personal y la puntuación a un servicio: al fin y al cabo, estás poniéndole nota a ese conductor en concreto y no a toda la empresa.

Y al hilo de esto: mencionábamos al principio que en el episodio de Black Mirror una mejor puntuación daba acceso a mejores servicios. Pues pongamos por ejemplo que quieres trabajar en Juno, otra empresa de transporte privado que asegura que trata (y paga) mejor a sus conductores. Uno de los requisitos es contar con una puntuación mínima en Uber de 4,65 (o de 4,7 en Lyft).

Muchas de estas apps para puntuar a personas no han funcionado. Nos sentimos incómodos puntuando a alguien. Tiene sentido: si vamos a un restaurante, podemos pensar que la comida es espantosa sin que eso sea necesariamente un juicio personal a camareros y cocineros. Pero ponerle una nota otra persona es más complicado. Sobre todo si firmamos con nuestro nombre y además corremos el riesgo de que otros nos puntúen a nosotros.

Por eso el gobierno chino quiere encargarse directamente del asunto. Según recoge el Washington Post, este país está desarrollando un plan que en 2020 culminaría con un rating elaborado a partir de toda la información política, comercial, social y legal que tiene de cada ciudadano. El objetivo de este número de crédito social es construir una cultura de “sinceridad” y “una sociedad socialista en armonía” basada en la confianza. En algunos casos, como maestros y médicos, los ciudadanos también podrán poner nota.

Eso sí, el artículo del Post plantea muchas dudas al respecto, sobre todo teniendo en cuenta que un programa piloto de un proyecto parecido ya tuvo que echarse atrás en 2010.

Además de todo esto y aunque no nos lo parezca, nos estamos puntuando continuamente. En redes sociales lo hacemos con actualizaciones e interacciones. Es cierto que no damos una nota del uno al cinco, pero sí decimos si algo nos gusta. Es más, en el episodio de Black Mirror, la protagonista ríe los chistes ajenos, esperando reciprocidad, y muerde una galleta solo para hacer una foto perfecta. ¿Alguna vez has escrito un tuit solo para conseguir favs? ¿Has reordenado un poco la mesa porque así el desayuno quedará mejor en la foto y tendrá más “me gusta”? ¿Has seguido alguna vez a alguien con la esperanza de que te devolviera el follow?

¿No?

Yo tampoco.

En todo caso, si quieres saber qué tal lo estás haciendo en redes, no solo tienes análisis de datos como los que ofrece Twitter, sino que también hay gente que lo calcula por ti y te da un número. Como Klout, que ofrece una puntuación basándose en lo que compartes y, asegura, “ayuda a las personas que quieren destacar en las redes sociales”. No siempre acierta, claro. Ahora mismo me dice que soy experto en Vigo (no he estado en mi vida) y en SGML, que no sé muy bien lo que es ni siquiera después de leer la entrada en la Wikipedia.

A veces se dice que las redes sociales han hecho más horizontales todas las comunicaciones. Un tuit puede tener tanta repercusión como un artículo en un diario. O más. Con estas puntuaciones también pasa algo similar: darle nota a la gente no es algo nuevo, solo que acostumbrábamos a hacerlo con famosos. El Klout es parecido al Q Score, un índice que se elabora en Estados Unidos desde 1963 y que puntúa, mediante encuestas, a estrellas de ámbitos diferentes: actores, deportistas e incluso marcas. También y desde hace un tiempo, a las estrellas digitales. Las “notas Q” de viners y youtubers, explica Variety, ya son comparables a las de estrellas tradicionales.

El objetivo de Klout es convertirse en algo parecido, pero para todo el mundo. Lo malo es que nadie mira ese número más de dos o tres veces y solo por curiosidad. Pero hace unos años en Forbes incluso se preguntaban si merecía la pena incluir este número en el currículum. Bueno, quizás si buscas trabajo como guionista de Black Mirror. Pero por lo demás, no. No lo hagas.

Fuente: Verne

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